No al Canon Digital

Alfonso Jarriver bio photo By Alfonso Jarriver

Me llega un e-mail de un lector que propone la desaparición del canon en medios vírgenes, cds, dvds, teléfonos móviles, y cualquier otro medio de almacenamiento.

Estimado amigo. En respuesta a tu propuesta, creemos (yo y mis amigos hipsters) que es conveniente aclarar algunas cuestiones previas. La copia privada es un límite al derecho de reproducción que las leyes de propiedad intelectual reconocen a los creadores (autores, artistas, productores). Este derecho de reproducción otorga a sus titulares la facultad de autorizar o prohibir cualquier copia que se haga de sus obras.

Si las leyes no reconocieran el límite de copia privada, nadie podría hacer una copia para su uso privado salvo que previamente los titulares del derecho de reproducción lo autorizaran y, en su caso, cobraran la cantidad que consideraran oportuna. Por ejemplo, una persona que ha comprado un disco no podría –legalmente- hacerse una copia del disco para llevarla en su coche. Los Tratados Internacionales sobre propiedad intelectual prevén la posibilidad de que las legislaciones nacionales limiten el derecho de reproducción de los creadores cuando las copias se vayan a hacer por personas físicas para uso privado.

La implantación de este límite en las legislaciones europeas está íntimamente ligada al desarrollo tecnológico. En particular con la aparición en el mercado de instrumentos que permiten a los ciudadanos copiar sin mayor dificultad. El primer Estado en implantar este límite fue Alemania, a mediados de los años sesenta, con unos criterios que básicamente son los que luego se han extendido a la inmensa mayoría de los Estados europeos.

Según este sistema, las leyes autorizan estas copias privadas, entendiendo como tales las que hacen las personas físicas para su uso privado y sin que estas copias puedan ser usadas colectivamente ni con fines lucrativos. A cambio de esta autorización legal, las propias normas reconocen una compensación económica a los creadores, que han de pagar los fabricantes, importadores y, en general, quienes comercializan los instrumentos que permiten el copiado.

Luego, ciertamente, esta compensación se repercute como un coste más de producción a todos los consumidores finales. Hay que subrayar que la copia privada no es una “peculiaridad” de la ley española sobre propiedad intelectual. Como se ha dicho, la copia privada surgió en Alemania y de ahí fue extendiéndose al resto de los Estados Europeos. En España, este límite al derecho de reproducción se introduce en la Ley de Propiedad Intelectual de 1987, y, tras una adecuación normativa, es plenamente eficaz a partir de 1992. En la “Europa de los 27”, veintidós Estados reconocen este límite y esta compensación. No ocurre esto en Reino Unido, Irlanda, Malta, Chipre y Luxemburgo, básicamente porque en estos países la copia privada no es legal, salvo en casos muy tasados (por ejemplo, la grabación de programas de televisión para su visión diferida).

Existe alguna regulación a nivel comunitario sobre la copia privada, que es la Directiva 2001/29, que armoniza los derechos de propiedad intelectual en la sociedad de la información. Esta directiva originó la última reforma de la ley española sobre propiedad intelectual, mediante la Ley 23/2006, de 7 de julio, aprobada por la unanimidad de todos los grupos parlamentarios salvo las abstenciones del Grupo Vasco y el de Esquerra Republicana de Catalunya. La Directiva establece que los Estados Miembros pueden optar por recoger este límite o no en sus legislaciones nacionales. Si optan por recoger este límite, la Directiva obliga a reconocer una compensación en favor de los creadores.

Esta compensación, dice la Directiva, debe tener en cuenta, entre otros criterios, el grado de implantación y la eficacia de las medidas técnicas que impiden la realización de copias. Tan solo cinco Estados han optado por no recoger el límite, es decir, por prohibir en sus territorios la posibilidad de que sus ciudadanos puedan hacerse copias privadas con los márgenes que el resto de Europa establece.

Es muy importante insistir en que esta compensación no es absoluto contradictoria con el desarrollo de la Sociedad de la Información. La Sociedad de la Información exige dos elementos. Unas redes tecnológicas que permitan la circulación y acceso a los contenidos y estos mismos contenidos. Si a quienes producen esos contenidos no les reconocemos sus derechos y retribuimos justamente acabaríamos con esa “sociedad de la información” que no tendría nada que ofrecer. Por otro lado, es evidente que los países que tienen establecida esta compensación poseen, también, unos altos niveles de desarrollo tecnológico y ahí están ejemplos como los de Finlandia o Alemania.

Por último, no es exacto decir que un ciudadano que adquiere un CD donde va a almacenar sus fotografías, sus documentos…, pague parte del precio para compensar unas copias de canciones, películas… que no ha realizado ni va a realizar. La razón es muy simple: Ese ciudadano, consumidor final del producto, no es el que paga. Es la empresa la que paga y puede repercutir-lo –o no- en el precio del producto, como ocurre con el resto de costes de producción.

Entendemos que la fórmula del canon pueda ser en teoría imperfecta, pero creemos que hasta el momento es la más eficaz para dar solución a las necesidades de creadores y usuarios.